Noviembre no siempre fue sinónimo de clics, carritos llenos y campañas que revientan los servidores.
Hubo un tiempo en que el Black Friday no era digital, ni global, ni siquiera amable. Era caos en las calles, colas infinitas, y policías agotados.
Así es como empieza la historia…
Tabla de contenidos
1. El caos que lo bautizó
📍 Filadelfia, años 60.
La policía local empieza a llamar “Black Friday” al viernes después de Acción de Gracias. Las calles se colapsaban, el tráfico era un desastre y las tiendas no daban abasto con la cantidad de gente que salía a comprar.
Era el primer día libre tras la gran celebración familiar, y para muchos, el momento en que comenzaban las compras navideñas.
🛒 No era una celebración. Era una pesadilla logística. Pero también, sin saberlo, el inicio de una tradición que cambiaría la historia del consumo.
2. De Filadelfia al mundo
Con el tiempo, los comercios vieron una oportunidad: ese día de locura podía convertirse en el inicio oficial de la temporada navideña.
Y así fue.
Primero en EE. UU., luego en todo el mundo.
Lo que era un término policial se transformó en una tradición comercial.
🛍 Hoy, el Black Friday es un fenómeno global. Y no solo en tiendas físicas. En digital, es una avalancha.
3. El clic que cambió todo
Con la llegada del eCommerce, el Black Friday dejó de ser una carrera por entrar primero a la tienda y se convirtió en una batalla por destacar en el feed.
Las marcas ya no compiten solo por precio: compiten por atención, por clics, por segundos de scroll, por ese “añadir al carrito” que no se pierda entre mil banners.
🎯 ¿Y cómo se gana esa carrera? Ahora ya no solo basta con ofrecer descuentos, es necesario usar la mejor estrategia.
4. El marketing que entendió el juego
El Black Friday cambió la forma de hacer campañas. Ya no se trata de lanzar descuentos a última hora ni de repetir lo mismo cada año.
Las marcas que destacan no improvisan. Preparan sus ideas con tiempo, entienden lo que el cliente está buscando y saben cómo decirlo sin sonar igual que todos.
No compiten solo por precio, compiten por atención. Y eso no se consigue con un “-20%” en rojo sobre fondo negro.
🧠 Las marcas que entienden esto no solo venden más. Se quedan en la mente del cliente. Y eso, en noviembre, vale más que cualquier descuento.
5. ¿Y ahora qué?
El Black Friday ya no es solo una fecha para vender más. Es el momento perfecto para entender cómo responde tu audiencia, qué canales funcionan mejor, qué tipo de mensajes conectan y cuáles pasan desapercibidos.
No se trata solo de cerrar ventas, sino de aprovechar el impulso para afinar lo que viene después.
Las marcas que lo hacen bien no son las que agotan stock en tres días, sino las que usan noviembre para aprender, ajustar y construir algo que dure más allá del descuento.
📉 Si solo apareces para hacer rebajas, en diciembre ya nadie se acordará de ti.
Conclusión ❤️
El Black Friday no se gana con prisas ni con ruido. Se gana con ideas claras, con campañas bien pensadas y con mensajes que no suenan igual que los de al lado.
Las marcas que lo entienden no solo venden más, sino que salen de noviembre con algo mejor que un pico de ventas: datos, aprendizajes y clientes que quieren volver.

